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Heredero de la tradición paisajista, reivindica su actualización mediante una acaparadora presencia de espacios aparentemente vírgenes, donde la vida humana y la naturaleza conviven alejadas del alborozo turístico o la vida urbana. Sus figuras humanas tienen una presencia a veces anecdótica en medio de la inmensidad del paisaje, a veces protagónica a modo de relato de su propio modus vivendi. Sus telas de los pescadores en Tanzania son una mirada al esfuerzo y a las tradiciones, en un devenir diario en el que el trabajo con las manos y las artes de pesca establecen un diálogo con preponderancia los marrones en lo que apenas son un esbozo de líneas —enraizadas en el dibujo—. Hay un predominio de silencios pacientes de los que el propio Carratalá quiere hacernos partícipes a modo de un flâneur de la periferia. Sus telas son la imagen de «una obra silenciosa que guarda un secreto de difícil de conseguir» en palabras de Antonio Saura.

El proceso de intelectualización que subyace en cada obra recorre tres etapas: una primera de apuntes recogidos en el cuaderno de viaje, la reflexión y la información sobre el espacio en segundo lugar y, finalmente, su intelectualización plasmada sobre la tela. En este proceso, Carratalá presenta una aproximación a la fotografía utilizando el trampantojo de una realidad ilusoria. Toda su obra es un tour de forcé no solo con la naturaleza sino con la imagen que de ella transmite. El personaje solitario navegando con su cayuco en la soledad del denso bosque sitúa al ser humano en medio de la pequeñez de la naturaleza que, en cualquier momento, podría explotar y dejar a cualquiera, al ser humano, inerme a merced de una potencia superior cual es la naturaleza.

PAISAJES SIN TIEMPO | Calo Carratalá

«Paisajes sin tiempo» es una muestra de los dos últimos viajes de Calo Carratalá (Torrent —València—, 1959): Tanzania (2017) y Senegal (2023). Un recorrido por el paisaje que se inició en su entorno más inmediato de la huerta en su Torrent natal para proseguir por los Pirineos y los Alpes. Sin embargo, su mirada no se detuvo en los macizos europeos sino que buscó adentrarse en espacios periféricos, en un viaje más allá: antes de internarse en África, objeto de esta exposición, su paleta de color viajó a la selva amazónica. Allí empezó a plasmar sobre sus telas los verdes densos en contraste con los blancos en los que hasta ese momento había hurgado en paisajes nevados. Tanto los pirenaicos y alpinos como en las zonas nórdicas de Noruega.

Su obra bebe de paisajistas como Caspar David Friedrich, J. M. William Turner o Carlos de Haes, pero su ojo sensible lo acerca a su vez a cierta pintura holandesa ejecutada por Van de Velde o paisajistas italianos del xvii como Salvatore Rosa o más tarde la Escuela de Barbizón. Una aparente tranquilidad que no es sino una calma tensa. En esta exposición ha querido establecer un diálogo tenso con aparentes tintes de tranquilidad, pero sin dejar de lado los peligros que siempre acechan desde la naturaleza desbordada, pues el bosque, desde el romanticismo está presente tanto en la literatura como en la pintura como espacio de reflexión y alejamiento de lo urbano, pero en contraposición es un espacio de peligro.

Calo Carratalá estudio Bellas Artes en la Facultad de Bellas Artes San Carlos de Valencia y fue becado por la Academia de España en Roma (2000-2001) y en la Kunstnarhuset Messe en Noruega (2011). Su obra está presente en algunas de colecciones institucionales mas importantes como la Fundación Cultural Mafre Vida, de Madrid; la Fundación Bancaixa de Valencia, o la Academia de España en Roma, y en manos de colecciones privadas, entre otras.

F. Xavier Llopis Bauset